Luego de tomar un mate de coca teníamos que buscar un lugar donde pasar la noche ya q es muy tarde para subir a la meseta la noche nos ganaría, nos recomendaron la “casa de la abuelita” así que fuimos a buscarla y siguiendo adelante entre casitas de adobe llegamos lo que es el final del pueblo la última casa limitaba un abismo ahí era la casa llegamos y la encontramos, pequeña de tamaño llena de arrugas con un semblante de transmitía paz muy agradable, amena y bondadosa era toda una abuelita y nosotros sus nietos, le alquilamos un espacio donde quedarnos pero como todos sus cuartos estaban llenos, nos dio un espacio cerca del fogón en su cocina, créanme estando ahí no sentíamos nada de frio la mejor calefacción que podríamos encontrar en el pueblo.

Despues de almorzar un seco de pollo, salimos a recorrer las calles del pueblo, la plaza, la iglesia y a comprar algunos víveres para subir al amanecer del día siguiente, ese día por la noche viernes santo se realizaría una misa, la temperatura empieza a bajar ya es tarde la neblina otra vez cubrió todo, George y Walter cada uno cigarro en mano me señalan hacia un punto y me imaginaba que es.

La cantina del pueblo, vamos unos traguitos para calentar el cuerpo, al llegar a primera vista vemos jarras humeantes, que intriga, en la barra una señora de mediana estatura atiende, al vernos llegar nos invita a pasar, hola, pasen, pasen ¿les preparo un calentito? Suena interesante, ¿de que esta hecho el calentito? Le pregunto, me responde cañazo, hierbas y azúcar, bueno será una jarra please el trago es caliente, dulce y el sabor del cañazo es característico por eso le dicen calentito porque te calienta en one. Oscureció rápido y un poco sazonados regresamos a la casa de la abuelita quien nos esperaba con un lonche y también con calentito, nos dice que es para soportar el frio de la noche hoy la temperatura llegara a cero grados. Ya picados con el traguito salimos otra vez a la plaza para ver la llegada de los buses y los caminantes como nosotros pero muchos de ellos irían directo a la meseta en plena oscuridad pero el cielo esta nublado no se ven las estrellas pero es noche de luna llena ya despejara, pero el cielo aún está tapado, ellos tienen amigos acampando días atrás y además llevan equipo profesional completo lo justo para acampar.

George, Walter y yo nos miramos rompiendo la admiración Walter dice ¿y? Nosotros somos de guerra ellos tienen una carpa para seis personas, nosotros una frazada del ejercito con una franja horizontal de color rojo y blanco llamado peruanito, ellos tienen una cocinilla a gas, nosotros leña que se supone recogeríamos en la ruta (no sabíamos que no había y lo poco que encontramos estaba húmeda por la lluvia), ellos tienen sus bolsas de dormir con doble forro e impermeable, nosotros otra frazada peruanito y de colchón un tapizon que sacamos de una sala, ellos unos colchones inflables nosotros subiríamos a pie ellos a caballo y con guía del lugar, arriba nosotros nos guiaremos con unos mapas fotocopiados de Marcahuasi conseguidos por nuestro amigo que estudia Ing. Geológica. Rompimos a carcajadas prendimos nuestros cigarros y mirando al cielo exhalamos muy lentamente viendo despejarse a través de las nubes vemos algunas estrellas y afirmamos No estamos solos…. sería un desperdicio todo esa maravilla ver miles de estrellas de diferentes intensidades pensando que también en una de esas estrellas alguien o algo también alzaría su mirada al cielo y se preguntaría lo mismo.